Ecuador: agua y bioproducción, ahora, por qué y cómo.

El Ecuador del año 2013 enfrenta dos escenarios: la amenaza latente que el cambio climático representa sobre importantísimas fuentes de agua, y la fenomenal diversidad de ecosistemas, comunidades biológicas y culturas que su territorio alberga. El glaciar del Cotopaxi, una de las principales fuentes de agua de la ciudad de Quito, por ejemplo, se redujo en un 30% entre 1976 y 1997, y la disminución de los glaciares es una de las predicciones que el modelo actual de calentamiento global propone. Por otro lado, pese a ser uno de los países más pequeños de Sudamérica, Ecuador es uno de los países más biodiversos del mundo. La región del Yasuní, por ejemplo, mantiene records mundiales de riqueza biológica en lo que respecta a número de especies en árboles, anfibios, murciélagos y reptiles.

El extractivismo tradicional amenaza este patrimonio natural pese a que no puede garantizar tal explotación indefinidamente. El petróleo, por ejemplo, representa más o menos la mitad de las exportaciones en el Ecuador; sin embargo, se estima que las reservas de hidrocarburo en el Ecuador declinarán significativamente a partir del año 2022.

Este fenómeno es global: el pétroleo es un recurso cada vez más escaso y clave, no sólo para el sector energético, sino también como materia prima para la producción industrial. Concientes de ésta realidad, los gobiernos de Europa y Estados Unidos reconocen la necesidad de una transición definitiva hacia una economía basada en biodiversidad. El concepto de bioeconomía se encuentra parcialmente definido sobre la base de investigación en medicina personalizada y bioproducción, particularmente de biocombustibles.

En este contexto, el Ecuador puede separar petróleo y economía y proponer una rearticulación economía-biodiversidad. En otras palabras, por las características únicas del Ecuador, el desarrollo Ecuatoriano puede anclarse a la diversidad biológica, ecosistémica y cultural de su territorio, y no a la extracción de un recurso no renovable, que histórica e irónicamente, ha significado la destrucción del capital natural del país.

Como ejemplo concreto de la potencialmente armoniosa relación entre conservación y desarrollo económico, cabe entonces discutir detalles relevantes a la producción industrial en plataformas vivientes, o bioproducción.

Los seres humanos necesitamos y hemos aprovechado el mundo natural desde nuestros inicios. Los ingredientes activos en nuestras medicinas, por ejemplo, se modelan a partir de compuestos análogos provenientes de plantas y microbios. Hemos aprendido a hacer queso, vino y pan, y para ello necesitamos levaduras y otros hongos. La tecnología actual, sin embargo, nos permite experimentar con sistemas biológicos en formas que hubieran resultado inimaginables una década atrás. Los cruces entre plantas o animales domésticos, por ejemplo, son técnicas tradicionales utilizadas para obtener variedades biológicas mejoradas. Hoy, sin embargo, tenemos la capacidad de modificar el código genético de un organismo directamente con el objetivo de sintetizar gasolina, diesel, fármacos y plástico.

La industria actual reconoce la eficiencia que la producción en plataformas biológicas representa: la célula más primitiva es más eficiente que la industria más desarrollada. Estas espectaculares capacidades intelectuales, científicas y tecnológicas, sin embargo, no deben sobreestimarse. Escherichia coli es una bacteria que habita nuestro sistema digestivo, uno de los organismos más estudiados, y chasis stándar para la investigación bioindustrial. Pese a ello, Escherichia coli en algunos aspectos es todavía un misterio y, aún más, representa una fracción infinitesimal de la diversidad microbiana que nos acompaña. Para ponerlo en otras palabras, se especula que conocemos más acerca del universo extraterrestre, que acerca de la tierra bajo nuestros pies. Y la tierra bajo los pies de los Ecuatorianos resulta contener una de las colecciones más impresionantes de diversidad genética.

He aquí porqué el desarrollo de la bioeconomía en el Ecuador, más que en ningún otro país en el mundo, es crucial. De no considerarse ésta empresa una política estratégica del Estado, quedará sin regulaciones en las manos de entidades privadas que responden a objetivos y siguen protocolos potencialmente distintos. Por un lado, el debate acerca de las características y el rol de la inversión en el desarrollo de la bioeonomía continúa. Por el otro, conocidos actores en el área de biotecnología materializan ya sus estrategias. Muy concretamente, en marzo de 2004 el Instituto de Energías Biológicas Alternativas (IBEA, Institute for Biological Energy Alternatives) a través de Craig Venter, Ph.D., y el Ministerio de Ambiente Ecuatoriano elaboraron una carta de entendimiento a través de la cual se acordaba explorar la diversidad microbiana en el Archipiélago de Galápagos. En 2013, se adquiere una colección de microbios de Agradis, Inc. compañia co-fundada por Synthetic Genomics. Synthetic Genomics, fundada por Venter, comercializa tecnología genómica. Pese a que la carta de entendimiento referida enfatiza explícitamente la generación de información pública sin fines de lucro, sería interesante considerar que capacidades tiene el Ecuador, o cualquier país, para ventilar cualquier infracción en una corte. Otro ejemplo, en 2011 Jonathan Russell entonces estudiante de licenciatura en la Universidad de Yale describe la degradación de poliuretano mediada por Pestaliotopsis microspora, un organismo colectado en el Parque Nacional Yasuní. Se desconoce el futuro de esta línea de investigación que promete aliviar significativamente el problema de la contaminación por plástico.

Con estos y otros antecedentes vale evaluar la realidad científica mundial, y particularmente la Ecuatoriana: el Ecuador carece de los laboratorios y el expertaje requerido para introducir la impresionante diversidad biológica de su territorio a la economía global a través de la biotecnología. Sin embargo, el Ecuador, como muy pocos países, posee laboratorios naturales dentro de los cuales procesos evolutivos han generado riquísimas librerías genómicas cuyas potenciales aplicaciones desconocemos. En este contexto, no es prudente embarcarse en una exploración de recursos genéticos bajo la bandera del secretismo. La claúsula décimo novena del proyecto CONPC-SENESCYT-001-2012 estipula que toda la información generada es confidencial y no divulgable. Esta actitud no es saludable por varias razones: Uno, la tecnología utilizada para caracterizar diversidad genética cambia constantemente por lo que cualquier información producida requiere curación constante. Segundo, el protocolo bioinformático requerido para ejecutar tal curación es más robusto mientras más abierto es al escrutinio de terceros. Este, de hecho, es el modo en el que funciona la ciencia. Tercero, la democratización de los métodos requeridos para desarrollar soluciones a través de la ingenieria genética ha resultado literalmente en investigación casera. Si información relevante a un metabolismo es confidencial, este recurso es invisible durante el desarrollo y optimización de métodos bioproductivos. Cuarto, y quizá más importante, la confidencialidad de la información no protege en ninguna forma los recursos genéticos Ecuatorianos. En resumen, confidencialidad durante la exploración de la diversidad genética Ecuatoriana arriesga compilar una base de datos de calidad dudosa (ya que no puede curarse apropiadamente) que termina fuera del alcance de la investigación aplicada y en ninguna forma protege la fuga de genes Ecuatorianos.

Alternativamente, la exploración transparente y sistemática de las potenciales aplicaciones de la diversidad genética del Ecuador constituiría sin lugar a dudas uno de los proyectos científicos más ambiciosos e interesantes jamás ejecutados. Entender y aplicar la relaciones entre comunidades biológicas y ecosistemas dentro de uno de los países más biodiversos del mundo cobra aún más importancia durante una era caracterizada por el cambio climático y por niveles especialmente preocupantes de extinción. Los conceptos necesarios para introducir la biodiversidad Ecuatoriana a la economía global son intrínsecamente complejos, sin embargo, utilizando las herramientas audiovisuales apropiadas el actual currículo académico Ecuatoriano puede fortalecerse y sin duda contribuir talento intelectual Ecuatoriano a esta titánica empresa. Dado que el proyecto se desenvuelve en la convergencia entre ciencia, educación, política y economía, el Estado Ecuatoriano, más que cualquier institución privada, está en capacidad de movilizar los recursos necesarios para cristalizar cabalmente la visión del proyecto. Finalmente, para justificar enteramente el proyecto, vale enfocar la investigación de la diversidad genética del Ecuador al tratamiento y recuperación de recursos hídricos. Este tipo de investigación, desarrollada en un país afectado por la contaminación y a la vez bendecido con una impresionante biodiversidad tiene beneficios tangibles inmediatos y se puede comercializar. Sólo consideremos la siguiente realidad: existe evidencia que vincula la contaminación del agua con trastornos que van desde infertilidad hasta la enfermedad de Parkinson.

Y la bioremediación?

Vale recordar que la mayoría del petróleo Ecuatoriano va al mercado de China y a la vez China posee la capacidad de secuenciar genomas a gran escala.

Es fácil etnonces vislumbrar las caracteristicas de una transción petroproducción-bioproduccion dentro de la cual el Ecuador es un actor importante: China facilita la exploración genómica en el Ecuador. El Ecuador vende petróleo a China.

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