Ecuador, debes

La bioeconomía como concepto constituye una reacción a los avances científico/tecnológicos relacionados con la manipulación del material genético. Recién en 2012, los gobiernos de Estados Unidos y Europa introducen formalmente el concepto de “bioeconomía” en sus marcos políticos. En este cortísimo tiempo, a sólo una conclusión puede llegarse con seguridad: el desarrollo del sector bioindustrial, desde medicina personalizada hasta biocombustibles ha sido explosivo, al punto que obliga la reconsideración de paradigmas económicos tradicionales. Los grandes laboratorios con grandes presupuestos dan paso a pequeños laboratorios con presupuestos mucho más modestos. Igualmente, se espera que el modelo tradicional de investigación, previamente dominado por contadísimas instituciones, incorpore más y más laboratorios pequeños e inclusive ciudadanos investigadores. El Ecuador está en capacidad de competir en este sector.

En cuanto al hecho de que la tecnología relacionada con el desarrollo de la bioeconomía pueda ser secuestrada por el poder económico tradicional, la realidad histórica es la siguiente: cualquier desarrollo (bio)tecnológico puede ser fácilmente acaparado por monopolios existentes independientemente del tipo de tecnología en cuestión. Aquello fue una consecuencia, en parte, de los elevadísimos costos relacionados con la investigación y la inaccesibilidad a fuentes relevantes de información. Hoy sin embargo, usted puede experimentar con genes en su casa.

Lo que hace a la bioeconomía una propuesta interesantísima para el Ecuador es la inmensa diversidad biológica que el país alberga, quizá la más grande en planeta. De este laboratorio natural deben surgir soluciones a por lo menos dos problemas globales con muy serias implicaciones: la resistencia a antibióticos, y el cambio climático. En lo que respecta a fármacos, se estima que más de 10.000 metabolitos con propiedades terapeúticas contra el cáncer, el VIH, entre otras afecciones, existen en actinomicetes, la mayoría producidas por un sólo género (Streptomyces) (Berdy, 2005). Esta realidad obliga a bioprospectores a ejecutar búsquedas relevantes alrededor del mundo. Por otro lado, el aparato productivo mundial depende de los combustibles fósiles, cuyo aprovechamiento es el principal generador del dióxido de carbono en la atmósfera. El desarrollo de nuevas formas de generar energía y producir materiales es entonces una prioridad.

En este contexto, los ecosistemas Ecuatorianos deben considerarse estratégicos e informar a la ciencia y tecnología contemporáneas: desde genes hasta ecosistemas el capital natural más vasto está no en Wall Street, no en Londres, no en Arabia Saudita. Está en Ecuador.

Esta información, desde secuencias (meta)genómicas hasta modelos ecosistémicos, en el caso del Ecuador, es el resultado de miles, o millones de años de evolución. Lo que experimentamos en la actualidad entonces, lo que llamamos Ecuador megadiverso representa una colección milenaria de soluciones naturales que a través del tiempo ha enfrentado extinciones importantes, cambios en el clima local y global, antropogenización, etc. etc. etc.

Extrapolar y aplicar este vastísimo capital natural es el reto de nuestros tiempos. Considerar, explorar, extrapolar y aplicar esta librería natural única en el mundo es una responsabilidad que le debemos al mundo y a los Ecuatorianos y Ecuatorianas del futuro. No puede ocurrir en ningún otro momento. No puede ocurrir en ningún otro lugar.

Por eso resulta bochornoso el “ecologismo infantil” con el que se pretende polarizar un asunto mortalmente serio. No se trata de priorizar “plantitas y pajaritos”. Más bien, la inteligencia nos obliga a reconciliar conservación y desarrollo, reconociendo, valorando, protegiendo e introduciendo nuestros recursos naturales, racionalmente, a la economía global. Con esa visión el Ecuador propone, con algunos inconvenientes, una economía basada en el conocimiento y no en el extractivismo tradicional que históricamente ha devastado la biodiversidad Ecuatoriana. La actual administración realiza una inversión sin precedentes en el desarrollo del sistema educativo Ecuatoriano con miras a fortalecer la capacidad científica del Ecuador, mientras el sector privado planea articular este esfuerzo con el desarrollo de productos y servicios para el mercado global.

No ha sido, entonces, una cuestión de “pajaritos”. El asunto es serio, y la pregunta, muy simple:

Ecuador, puedes?

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