Mercados de Biodiversidad, Radio Francia Internacional 02/20/2015

¿Qué son los mercados de biodiversidad?

Los sistemas e infraestructuras enfocados en el intercambio de elementos biológicos. La definición de biodiversidad cubre desde genes hasta especies, así que un mercado de biodiversidad abarcaría desde el potencial tráfico de genes hasta el tráfico de especies.

¿Son lo mismo que los mercados de ecosistemas?

La definición de mercado es universal pero un mercado de ecosistemas no podría ser lo mismo que un mercado de biodiversidad por dos razones:
1. el intercambio de recursos implica propiedad sobre tales recursos lo que no sería un inconveniente en el caso de elementos específicos del recurso biodiversidad. La Convención de Diversidad Biológica reconoce la soberanía de los países/estados sobre el recurso biodiversidad de su territorio. No existen conceptos similares para ecosistemas específicos, es decir, un ecosistema en particular no le pertenece a nadie.
2. partiendo de lo anterior, la distribución geográfica de ecosistemas no coincide con la delimitación política de los países, es decir, el mismo ecosistema puede estar distribuido en varios países. Los mismo ocurre con el recurso biodiversidad, pero al menos existe el precedente legal de la Convención de Diversidad Biológica.

¿Los servicios ambientales y los bancos de conservación son una suerte de modelos de negocio dentro de esos mercados?

Los servicios ambientales son simplemente los beneficios asociados con un ecosistema en balance: purificación del agua, regulación del clima, control de plagas, conservación del suelo, etc. etc. etc. así que pueden ser elementos a intercambiarse pero no modelos de negocio en sí.
Los bancos de conservación, por otro lado, podrían ser la base de un modelo de negocio pero están generalmente enfocados en investigación científica, no actividad económica. Un ejemplo interesante es The National Collection of Yeast Cultures del Institute of Food Research en Reino Unido. Pese a que la colección está enfocada en trabajo científico, no queda claro si la aplicación de esos recursos con fines comerciales garantizaría la distribución justa y equitativa de beneficios (objetivo número uno del Tratado de Nagoya, parte de la Convención de Diversidad Biológica). En Ecuador, por ejemplo, se enfatiza el valor científico de la colección. En Reino Unido, el valor económico además del científico. Lo importante es que si tal distribución de beneficios no es atractiva, países como Ecuador no tienen un incentivo para proteger la biodiversidad de su territorio.

El breve recorrido histórico hasta llegar a la actual noción de mercados de biodiversidad

Antes de 1992 la biodiversidad era considerada “patrimonio de la humanidad”, es decir, el conjunto de formas de vida del planeta en su totalidad le pertenecía a “todo el mundo” y no existía ni el concepto ni la necesidad de un mercado de biodiversidad. Si alguien necesitaba algún tipo de recurso biológico, desde un gen hasta un organismo completo, esa persona simplemente debía encontrar el elemento.

Como paréntesis, considere que en 1979 se reporta por primera vez la aplicación exitosa de la ingeniería genética con fines potencialmente comerciales: la síntesis de insulina humana en Escherichia coli, una bacteria que habita nuestro intestino pero no produce insulina. Una vez identificados los genes humanos involucrados en la síntesis de insulina, se debió aislarlos e incorporarlos al genoma de Escherichia coli. Escherichia coli utiliza entonces esa información genética para sintetizar insulina humana. En ese momento, se abrió la posibilidad de sintetizar cualquier (bio)químico en Escherichia coli siempre y cuando los genes involucrados puedan identificarse, aislarse, introducirse, interpretarse y ejecutarse en Escherichia coli. Se podría contemplar en ese momento la necesidad de acceder y la posibilidad de utilizar comercialmente el material genético de cualquier especie. En 2014, por ejemplo, se reporta la síntesis de opio en levaduras.

Es decir, en términos de biotecnología, en ~30 años hemos progresado desde una hipótesis científica hasta un “pilar de la bioeconomía“.

A partir de 1992, sin embargo, la Convención de Diversidad Biológica reconoce la soberanía de un país/estado sobre los recursos biológicos de su territorio. Es decir, la biodiversidad pertenece al país dentro del cual tal biodiversidad se encuentra. Considere también que los límites de la distribución geográfica del recurso biodiversidad generalmente no corresponden con los límites políticos de un país/estado (lo que ocurre con infinidad de recursos naturales con importancia económica: petróleo y minerales, por ejemplo).

¿Cuál es la verdadera valía de los mercados de biodiversidad como alternativa para la conservación ambiental?

Eso depende de la transparencia del mercado y de la definición y valoración apropiada de los elementos a intercambiarse. Partiendo del ejemplo concreto del Tratado de Nagoya de la Convención de Diversidad Biológica:
En teoría, un mercado de biodiversidad es una herramienta poderosa para valorar y distribuir biodiversidad. Mientras la biodiversidad se vuelve más escaza adquiere un mayor valor y los países que la albergan utilizan ese incentivo para conservarla.
En la práctica, sin embargo, la definición de “recurso genético” es obsoleta e incoherente con las capacidades tecnológicas actuales. Esto es normal: las regulaciones siempre están detrás de los avances tecnológicos. Las consecuencias, sin embargo, son más graves porque es claro que el mecanismo propuesto por la Convención de Diversidad Biológica, tal y como se ejecuta hoy, no ha tenido éxito y no tiene posibilidades de éxito.
En resumen, la valía es grande en teoría, pero en la práctica es inconsecuente: ha contribuído negligiblemente a la conservación de la biodiversidad, quizá por la incongruencia entre las definiciones legales y las capacidades tecnológicas.

¿Cómo se mide su eficiencia si, a fin de cuentas, permiten la intervención en la naturaleza?

Esa es una de las preguntas claves que hace Tittensor et al., 2014.

¿Una forma es comparando tazas de extinción vs tazas de descubrimiento de nuevas especies?

Podría ser una opción, pero en términos estrictamente científicos, nuevas tecnologías ha desestabilizado el concepto mismo de especie. Para contar cuantas especies tenemos debemos definir la línea que separa una especie de otra. Definir tal línea es una empresa en sí y dependerá de la persona a la que le haga la pregunta. Yo sugeriría medir impactos que sabemos resultan en una pérdidad de la biodiversidad/deterioro de la calidad ambiental:
1. tasas de deforestación
2. calidad del agua
3. concentración de CO2 en la atmósfera, etc.

¿Cuáles son las amenazas que el ambiente (o la conservación del ambiente) enfrenta al considerar a los mercados ambientales como una “herramienta” de conservación?

Una es la comodificación del recurso biodiversidad y otra es una valoración económica inapropiada. Cuánto cuesta un gen, por ejemplo.

¿A todo esto, qué enseñanzas nos puede anticipar Ecuador, ejemplo apropiado ya que se trata de uno de los países con mayor biodiversidad del mundo?

La experiencia Yasuní-ITT definitivamente. Tal como la Convención de Diversidad Biológica, es una idea espectacular en teoría. Ahora, existe una plataforma interesantísima para desarrollar nuevos conceptos económicos en Ecuador (tenemos petróleo y tenemos biodiversidad; brevemente, podemos desarrollar la última para desplazar al primero como fuente de crecimiento económico?) y se han tomado pasos sin precedentes (inversión en educación/infraestructra) pero falta definir exáctamente qué y cómo el país puede aprovechar los recursos únicos de su territorio para proponer un paradigma económico que valúe apropiadamente el recurso biodiversidad para conservarlo a largo plazo. El vacío más alarmante es la falta de información para valorar apropiadamente el recurso biodiversidad. Podemos calcular el valor de las reservas de petróleo pero no el valor de las reservas de biodiversidad. Cualesquiera valor de la última, de seguro va a aumentar en el futuro simplemente considerando el progreso en ciencias biológicas aplicadas.

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